arquitectura utópica

 

Propósito y base conceptual:

Con este proyecto pretendo desarrollar un “antídoto” muy personal contra la angustia -hija natural del urbanita- y compartirlo con todo aquel que sienta la necesidad de combatirla. Se trata de una arquitectura habitable unicamente a través de la imaginación. No es mi intención, en todo caso, aportar conclusiones o soluciones reales al problema urbano, el cual es complejo y está en muy buenas manos.

Una reflexión sobre el espacio urbano del siglo XXI:

A mi entender, las grandes ciudades del siglo XXI no están siendo proyectadas o reconstruidas con el fin de mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos -seres humanos, a pesar de su estatus-. Más bien están siendo diseñadas y reconstruidas con el propósito de crear nuevas necesidades con las que mantener en funcionamiento la gigantesca maquinaria económica global basada en el consumo: las ciudades están en manos de los modelos económicos.

Pero esta realidad urbana no es nueva y conocemos su punto de partida. Como afirma Fernando Chueca Goitia en su ensayo titulado Breve historia del urbanismo <salvo casos especiales o que provienen de otras culturas distintas a la occidental, la ciudad sin alma coincide con la ciudad a que ha dado origen la revolución industrial.>. Desde entonces y hasta ahora -en plena revolución tecnológica-, las ciudades han ido perdiendo paulatinamente su espacio para la civitas trasladándose a la esfera virtual de las redes sociales, es decir, lo más lejos posible del encuentro personal y genuinamente humano. Esta nueva ubicación de la actividad pública genera una pregunta: ¿en qué y para qué se ha trasformado el espacio que antes ocupaba dicha actividad? La respuesta es sencilla: en una red de pasadizos y centros comerciales donde el ciudadano común no tiene otra alternativa más que la de trasladarse o detenerse, en todo caso, para consumir o justificar su consumo, es decir, trabajar.

Por otro lado, y desde una perspectiva más individualista, actividades tales como la reflexión, la contemplación o el descanso, son gestionadas por empresas privadas o han sido prácticamente borradas de la vida urbana a base de obstáculos físicos (señalizaciones, anuncios, farolas, antenas, papeleras, barras, cadenas, bordillos, escalones, bancos anti-ergonómicos, jardines enjaulados, plazas-comedores…) y psicológicos (tendencias, comportamientos, regulaciones, imágenes, contaminación acústica y ambiental…). ¿Qué, si no escapar de la ciudad o asimilarla, le queda al urbanita para poder vivir en paz?.

Yo propongo una nueva arquitectura urbana ideada y materializada con el fin de ser contemplada y vivida a través del arte. Se trata de una arquitectura utópica, por irrealizable, pero sencilla y llena de sentido. Sus fundamentos son la abstracción, el equilibrio y la escala.

La abstracción como generador de imágenes propias:

la imaginación más libre busca y encuentra sus fuentes en todo aquello que se lo recuerda o se lo parece. Por eso la abstracción es mucho más rica en imágenes que lo figurativo”.

Soy de la opinión de que uno disfruta más viendo a través de lo evocado que a través de lo definido. De hecho, el acto creativo tiene mucho que ver -véase los ensayos de Piaget- con la voluntad de plasmar lo que uno ve frente a lo que se supone que hay que ver. Surge, pues, de un desequilibrio y de una voluntad de equilibrado. Así pues, evocar a través de la forma, del color o la palabra, puede activar ciertos mecanismos del alma humana con los que interpretar lo evocado de un modo más libre y personal. A este respecto, Kandisnky afirma que <el árbol verde, amarillo y rojo de la pradera es únicamente un caso material, una forma casualmente materializada del árbol que sentimos dentro de nosotros cuando oímos la palabra árbol.> Partiendo de esta premisa, es la experiencia fantástica, a través de la imaginación, la que ha de tomar el protagonismo, la que ha de observar y definir nuestra realidad más íntima. Pero esta realidad, por fabulosa e íntima que sea, exige un nuevo lenguaje universal que, inevitablemente, ha de forjarse a partir de la unión entre nuestra experiencia sensitiva -cognitiva y formal- y lo creado/imaginado lo cual, como bien nos recuerda Xavier Rubert de Ventós en su Tª de la sensibilidad, supone un reto realmente difícil de superar: <lo absolutamente fantástico y original, lo utópico o incongruente, no inquieta al lenguaje ni a la percepción sino que está perfectamente integrado en el lenguaje (y en la pintura) en una de sus dimensiones: en la dimensión de la fábula. Lo que efectivamente renueva y pone en estado de emergencia las figuras y las palabras del mundo, lo que tiene una eficacia innovadora propiamente estética, es esta impía unión de las formas establecidas con elementos que no caben en ellas […].>

Así pues, esta obra abre la puerta a la experiencia fantástica y a la creación de un nuevo lenguaje estético. Evoco caminos a través de líneas, geografías a través de tensiones, edificios a través de estructuras, plazas a través de círculos vacíos, movimiento a través de espirales y parques a través de formas orgánica y colores. Ofrezco, en definitiva, un mundo nuevo al servicio de la imaginación.

El equilibrio en suspensión y la sensación de ingravidez:

Observar un objeto suspendido en el aire conlleva experimentar una profunda sensación de ingravidez y ligereza. Esta sensación es, sin duda, una de las más valoradas y perseguidas desde tiempos inmemorables, pues va de la mano con la sensación de éxtasis -es decir, con la de estar o salir fuera de uno mismo-. Ni que decir tiene que ha sido la mitología la primera y la que mejor ha representado la experiencia extática a través de sus dioses y héroes más trascendentales, ubicandoles en el firmamento y dotandoles de capacidades inalcanzables para el hombre, el cual, durante milenios, ha entendido la experiencia extática como una fuente de placer efímero e inestabilidad eterna. No ha sido hasta que la ciencia ha tomado el relevo que el hombre ha conseguido conquistar el cielo y experimentar la ingravidez de manera controlada sin perder por ello su sentido espiritual. Así, entiendo que un objeto suspendido y en equilibrio constante es, en sí mismo, una prueba de estabilidad y una obra de arte.

Por otra parte quisiera resaltar el aspecto cosmogónico de estas obras y mi intención de dibujar el espacio. Como ya hicieron antes Picasso, Miró o Calder -entre muchos otros-, he tratado de crear una constelación con sentido basándome en el equilibrio. Desde la geometría euclidiana hasta la fractal, todo se reduce a encontrar el equilibrio que subyace entre las partes. Ya sean éstas puntos sobre un papel o galaxias en el Universo, el aparente caos del que forman parte no es otra cosa que el mayor logro de la Naturaleza: el equilibrio universal. Es por esto que dibujar el espacio mediante un sistema -más o menos complejo- de múltiples partes distintas entre sí y en equilibrio me proporciona uno de los mayores placeres creativos. Y es seguro que el espectador de la obra constatará con su contemplación serena la validez de mis intenciones.

La escala introspectiva:

Otra manera de escapar de la realidad cotidiana consiste en menguar, disminuir de tamaño, adoptar otra escala. Escabullirse por entre los recovecos de un espacio sugerido es, a mi parecer, uno de los ejercicios de introspección más efectivos y divertidos que existen -todos los niños lo practican-. Para ello hay que adoptar, a través de la imaginación, una escala que permita introducirnos mentalmente en la obra. Como ya he mencionado, la obra ofrece lo que considero esencial para hacer las veces de soporte -a saber: líneas, tensiones, estructuras, vacíos, formas y colores- y sugiera un espacio urbano nuevo y libre. La obra pasa a ser, por tanto, el medio físico para la acción mental que, en última instancia, es el propósito del proyecto: una huida al silencio, al ensimismamiento y a la tranquilidad a través del arte.

Referencias bibliográficas:

Fernando Chueca Goitia (2011); Breve historia del urbanismo: Ed Alianza Editorial, Madrid.

Kandinsky (2010); De lo espiritual en el arte; Ed Paidós Iberia, Barcelona.

Xavier Rubert de Ventós (1989); Tª de la sensibilidad; Ed Península, Barcelona.

Gisèle Marty (1999); Psicología del arte; Ed Pirámide, Madrid.

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